Un ballotage entre dos opciones de derecha en el Perú

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Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski se enfrentarán en un ballotage entre dos opciones de derecha.

Por Nicolás Bello (@nbello_II)

Ha sido una semana difícil para ser peruano. La obligatoriedad del voto y la prohibición de la publicación de encuestas en la última recta de las Elecciones Generales han sido motivo de estrés para muchos de nosotros que seguimos el verdadero culebrón que son las elecciones en un país como el Perú. Pero ya ha pasado y el tablero está definido.

En una contienda que tenía por candidata segura a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) con poco más del 40% del electorado, la definición era entonces entre Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio – PPK) y Verónika Mendoza (Frente Amplio), el primero de centro derecha y la segunda de izquierda, ambos con el 20% aproximadamente de intención de voto. Los resultados, sin embargo, han dado una segunda vuelta entre los dos primeros, dejando a Mendoza en un bien merecido tercer lugar.

Resultados de la ONPE al 96.07% de las actas escrutadas (Fuente: ONPE / elaboración propia)

Resultados de la ONPE al 96.07% de las actas escrutadas (Fuente: ONPE / elaboración propia)

Y decimos bien merecido porque pasar de 1% a 20% de intención de voto en un mes, sin mayores recursos y con todo en contra – el Frente Amplio ha recibido acusaciones que van desde “chavistas” hasta “terroristas” – es un logro de una izquierda que estaba casi desaparecida. Verónika aprendió, muy rápidamente, a articular un discurso hacia los electores, a hacer caso omiso a las acusaciones y a lanzar un mensaje fuerte en una campaña que ha brillado por la ausencia de propuestas y la sobra de ataques de un lado y del otro. En este sentido, Mendoza supo aprovechar una necesidad por un espacio real de la izquierda.

El politólogo estadounidense, residente en el Perú, Steven Levitzky, ha resaltado su ascenso en estas palabras:

De hecho, una encuesta publicada en marzo por el Instituto de Opinión Pública de la PUCP sugiere que este espacio ha crecido desde 2011.  Según la encuesta, el 40% del electorado quiere un gobierno que realice “cambios radicales” en la política económica, comparado con el 33% en 2011. Y una sólida mayoría (52%) cree que “Promover una mayor intervención del Estado es la única forma en que el Perú puede desarrollarse”, comparado con 42% en 2011. Solo el 36% de los encuestados cree que el mejor camino es “promover una economía privada de mercado”.  Existía entonces una brecha entre la oferta conservadora del trío Keiko-PPK-Alan y la demanda electoral. Gran parte del electorado buscaba a un candidato más estatista y más alejado del poder. No necesariamente Mendoza, pero la candidata del Frente Amplio tenía el perfil correcto.

Un correcto posicionamiento, un poco de suerte – la salida de Julio Guzmán ayudó también a disparar al Frente Amplio –, pero sobre todo la figura de Mendoza, una mujer con experiencia política como congresista por el Partido Nacionalista entre 2011 y 2016, y que se supo defender con dignidad de los ataques que recibió.

¿Por qué los peruanos votamos a la derecha?

A pesar de que se ha demostrado que las reformas económicas iniciadas durante el gobierno de Alberto Fujimori no han hecho sino aumentar la desigualdad, de que está probado penalmente que hubo crímenes de lesa humanidad y de que los años noventa fueron de una dictadura disfrazada de democracia, es claro que una gran parte del electorado peruano tiene reparos con la izquierda y da su voto a las derechas.

No se trata aquí de decir que “son estúpidos sin memoria” – las izquierdas también pecan de insultar a quienes no piensan como ellos – sino de analizar el perfil del elector peruano. Porque también es cierto que muchísima gente salió de la pobreza una vez que la economía empezó a subsanarse, que la inflación se redujo y hubo una mayor estabilidad para hacer negocios.

Miles de peruanos tienen entonces un miedo, justificado en parte, a perder lo alcanzado con esfuerzo y dedicación. Son ciudadanos que tienen una posición frágil y aún volátil, por lo que no se les puede culpar de tener una preferencia política que proteja sus intereses. Nos remitimos, nuevamente, a Levitzky, quien en 2014 escribió sobre el llamado “electarado” peruano:

La experiencia de crecer y vivir en Huancavelica, Ilave, Yurimaguas, o San Isidro genera distintas identidades, expectativas, e intereses, y, por supuesto, ideas políticas. Además, varias investigaciones muestran que nuestras redes familiares y sociales –la gente con quienes hablamos todos los días– influyen mucho sobre el voto.  Como el círculo social de un votante rural en Cajamarca es tan diferente que los de mis amigos de la PUCP o el de Madeleine Osterling, y como estos círculos no se cruzan nunca, no debe sorprender que sus preferencias y prioridades electorales son distintas también.   Vivir en San Isidro y concluir que los ciudadanos de Cajamarca o Moquegua son tarados porque tienen preferencias electorales distintas sería, bueno, tarado.

Y viceversa, podríamos agregar.

El bastión de las izquierdas

Así queda el Congreso, de una sola cámara de 130 congresistas. (Fuente: Ipsos/Apoyo)

Así queda el Congreso, de una sola cámara de 130 congresistas. (Fuente: Ipsos/Apoyo)

La izquierda no ha perdido estas elecciones. Por el contrario, ha tenido un desempeño muy bueno en la capitalización del descontento social. En un congreso de 130 escaños, el Frente Amplio ha logrado poner a unos 20 congresistas – los resultados oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) suelen tomar algunos días para dar cifras finales – y será una importante fuerza de oposición en un congreso claramente fujimorista, sobre todo si logra aliarse con otras fuerzas como Acción Popular.

Lo verdaderamente interesante, sin embargo, es analizar el voto regional del Frente Amplio en este caso. Como se muestra en el mapa las regiones del sur, que votaron mayoritariamente por Mendoza, son las mismas – con tal vez alguna variación en Arequipa, el lunar color naranja claro – que han votado por Ollanta Humala en 2006 y 2011. Esto tiene una explicación: en el sur del Perú se encuentran las zonas más deprimidas y pobres de todo el territorio. Cajamarca, al norte, es también un “bastión de la izquierda” por las mismas razones.

El voto en las Regiones 2016-04-13 12-59-20

Haz click sobre el mapa para ingresar a los datos por región (Fuente: Ipsos / elaboración propia)

El periodista y productor publicitario Luis Davelouis, lo explica claramente en su última columna, en la que menciona por qué no “deberíamos bombardear estas regiones” – tal cual, leído en comentarios de Facebook – sino comprenderlas (la conversión de sueldos entre paréntesis es un agregado propio):

Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), el porcentaje de viviendas hechas de material noble y que cuentan con todos los servicios básicos (no, mamacita, cable, Internet y teléfono no son servicios básicos, sino solo agua, desagüe y luz) en cada una de las regiones mencionadas es como sigue: Apurímac 4.2%, Ayacucho 4%, Cusco 9.7%, Huancavelica 0.7%, Moquegua 21%, Puno 3.2% y Tacna 18.9%. El 20% más pobre en cada uno de esos departamentos gana en promedio al mes: S/.80 (21 euros), S/.50 (13 euros), S/.142 (37 euros), S/.50 (13 euros), S/.180 (48 euros), S/.60 (16 euros) y S/.150 (40 euros), respectivamente. Y son promedios, es decir, hay gente en esas regiones que gana al mes lo que te gastas en un café y sándwich en Starbucks. Sí pues, cuando en Puno hace frío la gente se muere

A saber que el sueldo mínimo en Perú equivale a unos 200 euros mensuales y el salario medio en la ciudad de Lima equivale a unos 330 euros mensuales.

Estas son las regiones donde surgió el terrorismo de Sendero Luminoso, como respuesta – brutal y desproporcionada, vale aclararlo – a las profundas desigualdades sociales que se viven, hasta ahora, en el Perú profundo.

Así, el panorama político peruano está servido para una segunda vuelta a celebrarse el 5 de junio. Podemos esperar mucha polarización y sobre todo mucho odio entre fujimoristas y antifujimoristas. Pero como dicen algunos analistas más optimistas, podemos celebrar el inicio de una consolidación de la izquierda en Perú con miras al 2021, lo que es sano para el fortalecimiento democrático. Y eso es una buena noticia.

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