La tristeza que ilumina la Vía Láctea

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

“Van a quedarme muchas cosas que decirte pero esta despedida es imperfecta”. Son las palabras de un verso de ‘Iluminados’, la primera de las diez canciones que componen ‘La tristeza de Vía Láctea’,  el disco en el que la voz de Andrés Lewin ha vuelto a sonar.

Como si de una premonición se tratase, estas diez canciones conforman la despedida de uno de los mejores músicos de su generación, que nos dejó el pasado 5 de enero. Y es que aunque Lewin ya no esté con nosotros, su legado prevalece. Y de que siga sonando se han encargado sus amigos, los que le acompañaron en su recorrido por la música y que el pasado 16 de marzo inundaron la sala Galileo Galilei con sus canciones.

Marwan, Luis Ramiro, Tontxu, Conchita, Diego Ojeda, Marino Sáiz, Mario Raya, Alejandro Martínez o María Valverde, entre otros, fueron los encargados de poner la voz a las canciones de Lewin en la noche que éste había proyectado para la presentación de su nuevo trabajo. En una Galileo abarrotada de amigos y seguidores que no quisieron perderse el momento sonaron las ya viejas conocidas ‘Manifestación contra mi depresión’ con las voces de Mario Raya y María Valverde o ‘Mensaje telefónico’, cantada por Diego Ojeda, aunque sin duda el momento culmen de la noche fue cuando, todos juntos, entonaron ‘Iluminados’, la canción que abre este recorrido por la Vía Láctea.

Y es que este nuevo disco de Lewin abre la puerta al espacio, una puerta desde la que escuchamos las historias a las que nos tiene acostumbrados, desde ‘Una vuelta de Halley’, con alusiones a su infancia y a su Buenos Aires natal (“fue en Buenos Aires en 1986, vino a vernos el cometa Halley solo una vez”), destile de nostalgia hacia el futuro (“Cuando vuelva en su viaje radiante/ quizás lo puedas ver./ Tú ya no tendrás tus 8 años,/ con suerte serán 83”) hasta ‘After the war’, sobre los amores que se quedan atrás (“Tuve un amor exótico en Tel Aviv,/ yo era un explorador en Oriente/ y en un bar de ambiente/ he conocido al rey David”).

lewinCanciones de lo más emotivas se unen a otras en un tono más hilarante, como es el caso de ‘Puter’, el “perro carismático”, que “tiene mucho mundo y me ladra en francés, usa remedios homeopáticos, nunca tiene prisa pero sufre estrés”, un tema en cuya composición Lewin deja muestra de un uso magnífico del lenguaje y las técnicas compositivas al servicio de la música, o en ‘Fiesta salvaje’, otra de las canciones tan divertidas como surrealistas, con una interpretación lúcidamente loca (y precisamente ahí es donde está la magia).

Si bien es cierto que la tristeza es una palabra recurrente en la música de Lewin, también lo es que funciona como punto de partida hacia la felicidad, aunque sea una alegría con cierto regusto amargo.”Tienes tanta luz en la mirada y tienes tanto que contarle al mundo”, canta en ‘Emotravel’. Frases que, escuchadas ahora, adquieren quizás otro significado que con el que fueron escritas y cantadas por primera vez.

El recorrido acaba, como prácticamente no podía ser de otra manera, con ‘Este fin’, la canción que le escribiese a su madre cuando murió y en la que reclamaba un brindis por la felicidad: “Ya la tristeza se fue/ y aunque ha dejado un gran rasto/ y aunque faltan lágrimas por llorar/ no te daré una canción triste más”. Y es que, como el mismo Andrés escribió, “este fin no es el fin, es continuará”, y precisamente por eso la edición magnífica de este disco termina con el rumor de unos pasos sobre un camino, pasos que ya suenan al principio del disco en la canción ‘Buen camino’ (“Deseo que tengas un buen camino y no me duelas más”).

Después de estas diez canciones, Andrés Lewin nos hace entender a todos eso de que “la tristeza viene del espacio” sin hacernos olvidar que él siempre estará dando la vuelta a este espacio junto al cometa Halley, quién sabe si preparándose para 2061 o para iluminarnos para siempre la Vía Láctea.

No sé para quién es mi mensaje
pero esta vez si esta noche duermes a mi lado,
despiértame.
Dejaré cerrado el equipaje,
te daré dos besos y me iré.
Y entonces saltaré hacia el espacio,
directo al abordaje,
y mi tiempo será, al fin y al cabo,
una vuelta del Halley.

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