El persistente recuerdo del 3 + 2

ManiEstudiantes2

Por Sergio Grande Perez (@OnFireMama)

En los últimos tiempos, las aguas que rodean al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte nunca han estado calmadas. Cada movimiento y cada propuesta de ley en lo tocante a educación levantaba ampollas en ciertos sectores de la sociedad española.

Una de las últimas reformas educativas, volvía a tener a la comunidad universitaria como protagonista. Esta reforma, en parte debido a la situación política actual, no se ha establecido aún, pese a que se promulgó, con poca diferencia de votos, el 30 de enero de 2015. Las universidades y todos sus estamentos recibieron la noticia, con agitación y nerviosismo, los movimientos de rechazó a dicha reforma no se hicieron esperar y duran hasta el día de hoy a lo largo y ancho del mapa universitario estatal.

La polémica reforma fue bautizada con el nombre de “3+2” y estaba estrechamente relacionada con las pautas de funcionamiento acordadas por los firmantes del último plan de educación universitaria europeo, el Plan Bolonia, el cual entró en vigor en nuestro país en el curso 2009-2010. La nomenclatura popular hace referencia a la composición futura de los estudios universitarios. Según dicta la reforma, dichos estudios pasarán a componerse de 3 años de grado, y 2 años de especialización o máster.

El objetivo de esta medida, según el Gobierno, es “flexibilizar” los grados y converger con Europa, donde la fórmula más instaurada es el 3 + 2. El ejecutivo afianzaba su argumento basándose en estudios que muestran que solo el 20% de los estudiantes cursan estudios de máster, no obligatorios, para poder ejercer como profesional en su área, para el Ministerio de Educación, el 20 % es una porción “muy pequeña”. Dichos estudios nunca vieron la luz.

Según el exministro de educación, José Ignacio Wert, la aplicación del 3 + 2 supondría un importante ahorro para muchas familias al suprimir un año de grado, y cifraba dicho ahorro en 150 millones de euros en términos generales.

La realidad es que desde que salió adelante el 3 + 2, las críticas siempre han estado presentes y afloraron desde su promulgación. Los principales opositores a esta reforma son los propios estudiantes, y también las altas esferas del mundo universitario desde los rectorados, así como los sindicatos educativos y la oposición política.

La mayoría de las protestas de rechazo presentan el argumento de que esta reestructuración de los estudios universitarios no tiene en cuenta los principios de equidad. Señalan pues, que la brecha entre estudiantes se hará más grande desde el punto de vista económico. Esta medida supondrá un incremento en el coste total de un estudio universitario, puesto que en la gran mayoría de casos, un año de máster, siempre tiene un coste mayor que un año de grado.

Esto sería una realidad, igual que lo es el hecho, de que en caso de aplicarse finalmente el 3 + 2, algunos alumnos podrían dejar sus estudios universitarios un año antes, ante la imposibilidad de poder costearse estos dos años de máster. Un año de máster en España, actualmente, oscila entre 2700 y 7000 euros, el coste es sin dudad elevado, y las familias con menores ingresos, o situaciones más complejas, no pueden afrontar dicho desembolso.

Desde el Ministerio de Educación, se hablaba de que la realidad era diferente, y que el 3 + 2 es el sistema por antonomasia en Europa. Esto es innegable, puesto que cierto es que la mayoría de los países del Viejo Continente optaron, tras la aplicación del Plan Bolonia por dicho sistema. En aquel momento España no dio el paso, pero sí hubo cambios estructurales en el número de años de los estudios universitarios y en su transformación de licenciaturas a grados. También se dice desde el Ministerio que la idea de la convergencia con Europa se torna fundamental para el futuro de los estudiantes nacionales y su futuro profesional, y personal. Habría que ser un necio para no estar de acuerdo con esta idea de convergencia, sin embargo, hay matices que hacen que la idea que propone el Partido Popular no termine de cuajar.

La lectura que se hizo y se hace desde el Ministerios de Educación, primero con José Ignacio Wert, y ahora con Méndez de Vigo como ministro en funciones, peca de ser macrogeneralista. La idea de la convergencia con los demás países, y el ahorro económico para las familias, que desde el Gobierno se promulga, no es algo sólido. Está claro que el 3 +2 funciona en Europa, el caso es que la idea de extrapolarlo a España es algo más complicado, en primer lugar, el coste de los estudios de máster en ciertos países europeos es algo más bajo que en España, uno de los más altos.

Estudiar un máster público en España, tiene un coste medio de 3000 euros, en contraposición tenemos los países nórdicos, Francia o Alemania, donde los estudios de máster son prácticamente gratis. Los precios en España solo son superados por 8 de los 33 estados. Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Irlanda, Eslovenia, Chipre y Reino Unido, en muchos de estos países el precio del máster y el grado es más o menos el mismo, en nuestro país, a día de hoy, sigue habiendo bastante diferencia entre el grado y el máster.

A parte del precio concreto del máster, no hay que olvidar que en muchos países donde está implantando hace años el 3 + 2, las bolsas de estudios son mayores que en España, y llegan a más estudiantes, las facilidades para obtener una beca son más grandes, y ahora sí, adoptando la visión macrogeneralista empleada por el Partido Popular, el nivel de ingresos medio es diferente en cada país.

Por otro lado, dejando a un lado el tema económico y haciendo una aproximación a lo propiamente “educativo” de esta reforma, habría que decir que es obvio, que si se resta un año de grado, el nivel de especialización del alumno o alumna de grado será menor, y si este alumno o alumna quiere, o puede, cursar un máster de dos años su nivel será mayor. Esta afirmación que parece simple, está aún alejada de serlo. La CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) señala que es imposible valorar dicha cuestión, indican que aún, ni siquiera, se han podido evaluar las consecuencias del Plan Bolonia en España (curso 2009-2010) con la implantación del grado, en su mayoría de 4 años. Aún es imposible observar su impacto en el nivel de los estudiantes y su grado de profesionalización. Por ello, la CRUE, se posicionó contra esta reforma con 57 votos a favor de una moratoria de la reforma, frente a 5 abstenciones y un voto en contra.

La reforma aún no entrará en vigor, el futuro político del país está aún en el aire, y veremos si el futuro Gobierno retoma la propuesta, o decide escuchar a las partes interesadas en el conflicto, que no son otros que los estudiantes y los rectores, en nombre de las universidades.

En lo tocante a temas económicos parece que se sigue con la premisa de buscar el ahorro y la recuperación a costa de la educación, la tónica se ha mantenido, y los resultados positivos aún no asoman, veremos si finalmente desde el Ejecutivo alguna mente brillante se da cuenta de ello. Y por otro lado, es importante converger con Europa, pero igual de importante es hacerlo con criterio y sentido común.

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