Buscando el gorrión rojo

bukowski

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim) | Ilustración de Verónica Living (@cardiodrama)

El próximo 9 de marzo se cumplirán 22 años desde que Henry Chinaski encontrase el codiciado gorrión rojo. Henry Chinaski es el nombre del alter ego de Heinrich Karl Bukowski, más conocido como Charles Bukowski.

Nacido en Alemania el 16 de agosto de 1920, pero en 1923 se mudó con su familia a Estados Unidos huyendo del desenlace de la primera Guerra Mundial. Allí, vivió las consecuencias de la Gran Depresión de 1929 y se crió en un barrio marginal. Gran parte de su vida la pasó en Los Ángeles, una ciudad que marcó sin duda su escritura, retrato de las clases más decadentes de Hollywood.

Estudió Periodismo, Arte y Literatura en la Universidad de Los Ángeles, y aunque nunca llegó a acabar la carrera su nombre sí que apareció en las firmas de los medios de comunicación. Comenzó publicando sus relatos cortos en revistas, donde se desilusionó con el proceso de publicación, renunciando a la escritura durante una década.

Durante esta década, Bukowski se dedicó a viajar vagando por Estados Unidos, sobreviviendo con trabajos temporales y viviendo en pensiones barata, tal como hacían sus contemporáneos de la generación Beat, corriente literaria con la que se ha identificado erróneamente a uno de los máximos exponentes del Realismo Sucio.

Si bien es cierto que ambos movimientos tienen elementos parecidos (una forma de expresarse llana y directa, en ocasiones usando un vocabulario muy coloquial y, en el caso de la poesía, versos sin extensión ni rima definidos), el Realismo Sucio conforma otra rama literaria distinta, basada en reducir la narración a sus elementos fundamentales.

Bukowski-y-su-maquina-de-escribirEn los años 50, comenzó a trabajar en la oficina de correos de Los Ángeles, oficio que inspiró su novela El cartero, publicada en 1973 y donde aparece por primera vez el personaje de Henry Chinaski, que volverá en todas sus novelas.

Su prosa coloquial y sórdida, que en ocasiones incluso se hace cómica, reúne personajes estrafalarios y marginales: desde prostitutas a detectives, pasando por borrachos, drogadictos o músicos. Sus escritos a menudo destilan cierta falta de ambición y de compromiso consigo mismo y con el resto del mundo. “Mi ambición está limitada por mi pereza”, escribía Bukowski.

Pese a esta pereza, fue un autor muy prolífico, sobre todo en relatos cortos que luego se publicarían en recopilaciones como Se busca una mujer, La máquina de follar Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones.

En 1955, Bukowski fue hospitalizado con una úlcera sangrante grave. Cuando salió del hospital, empezó a escribir poesía. De esta poesía saldrían versos más íntimos, aunque sin abandonar la estética del Realismo sucio. Sus versos, por lo general, están construidos de forma ruda, con un lirismo bastante escaso, pero con un mensaje claro y contundente.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

De estos poemas, algunos fueron publicados en la revista de literatura The Outsider. Mientras tanto, Bukowski seguía trabajando en la oficina de correos, nada alentado por la vida del escritor y, mucho menos, del periodista.

bukowski.jpg

No fue hasta 1969 cuando John Martin, de Back Sparrow Press, le propuso un sueldo de 100 dólares mensuales de por vida por su pluma. Quizás un trato digno de Nicky Belane, el protagonista de su última novela Pulp. Bukowski aceptó el trato. “Tengo dos opciones: permanecer en la oficina de correos y volverme loco o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morirme de hambre”, escribía al respecto.

Murió de leucemia 25 años después, a los 73 años, tras terminar de escribir Pulp, una trepidate a la vez que delirante novela donde el detective Nicky Belane, tiene que encargarse de varios casos, entre ellos, encontrar al gorrión rojo y ayudar a la Señora Muerte en sus asuntos. En su lápida rezan las palabras “Don’t try”. Y es que al final quizás se trate de eso, de no intentarlo, sino de encontrar al gorrión rojo.

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5 comentarios en “Buscando el gorrión rojo

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