Azerbaiyán: el reverso de una democracia aparente

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_) y Alaia Rotaeche (@aL_rc)

A orillas del mar Caspio existe una ciudad de apariencia rica y ostentosa, con construcciones faraónicas, hoteles de cinco estrellas, avenidas lujosas, rascacielos de aspecto neoyorquino y, en definitiva, con un escaparate mediático que rezuma modernidad y fastuosidad. No obstante, las cosas no siempre son lo que aparentan y a menudo ocurre que lo que vemos a simple vista engaña.

Baku Panorama

También conocida como “la Dubái del Cáucaso”, Bakú, capital de Azerbaiyán, es una ciudad con dos caras y que ha construido su riqueza a golpe de talonario, gracias a sus enormes reservas de petróleo y gas y es precisamente éste hecho uno de los motivos fundamentales del silencio mediático en torno a este régimen dictatorial. La mayoría de los países europeos, formen parte o no de la UE (Unión Europea), son dependientes del gas ruso y es por ello que Azerbaiyán supone una alternativa interesante desde el punto de vista económico para reducir su dependencia del oso ruso, país con el que los estados europeos no tienen, en líneas generales, relaciones demasiado buenas. A pesar de todo este crecimiento macroeconómico, el país azerí no está pasando por su mejor momento debido a la crisis consecuencia de la bajada radical de los precios del petróleo y que está golpeando especialmente a todos aquellos países cuya economía gira en torno al crudo.

La primera cara, decíamos, es la parte más amable de la ciudad, la carta de presentación que el régimen de Alíyev hace de cara al exterior, con el objetivo de atraer turistas de todas partes del mundo. La parte negra de Bakú, oculta y silenciada, es la cara de la corrupción, la brutalidad policial y la represión a todos los niveles. Alíyev, líder azerí absoluto, que gobierna en el país ocupando el lugar de su padre y con pretensiones de antiguo zar ruso, quiere controlarlo todo con mano de hierro, mientras la UE mira hacia otro lado. A finales del año pasado se celebraron elecciones legislativas en Azerbaiyán y que fueron boicoteadas tanto por la oposición como por los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), una muestra más del dominio total de Alíyev, capaz de manipular los resultados electorales para su propio beneficio. La UE no solamente está manchada por la sangre negra azerí, sino también por no haber condenado con dureza un país en el que se violan sistemáticamente los derechos humanos.

Azerbaiyán II_opt

Los ingresos generados por el petróleo y el gas han permitido a Azerbaiyán construir infraestructuras modernizadas

Lo cierto es que de Azerbaiyán sabemos poco y lo poco que sabemos lo supimos en su momento por Chaves Nogales, un periodista español muy importante durante la época de la Segunda República Española, y más recientemente por Marta Arias y Bárbara Ayuso, periodistas que hace unos pocos años viajaron al país con el objetivo de escribir un reportaje y que terminó como un reportaje en profundidad y en forma de libro, a partir de la información a la que accedieron tras entrevistar a periodistas, activistas, artistas y miembros de la oposición azerbaiyana.

Azerbaiyán cuenta con la lista de prisioneros políticos más grande de Europa. Sabemos que el régimen emplea cualquier pretexto (cargos menores como posesión de drogas o evasión de impuestos) para ordenar una pena de cárcel de unos dos años. ¿La realidad? Esas detenciones se llevan a cabo por oposición al régimen.

La policía detiene a un manifestante en Bakú en enero de 2013. Fuente: Tofik Babayev/AFP/Guetty, vía slate.com

La policía detiene a un manifestante en Bakú en enero de 2013. Fuente: Tofik Babayev/AFP/Guetty, vía slate.com

La libertad de expresión es prácticamente nula. Allí, publicar tus pensamientos, si son en contra del régimen, en tu muro de Facebook, puede costarte la libertad. Es lo que le pasó al joven Jabbar Salavan, que fue condenado a dos años y medio por supuesto tráfico de drogas. El caso de la periodista Leyla Yunus ha sido el más llamativo y también el más mediático, junto con el de Rasul Jafarov, detenido también por activismo y que se enfrenta a seis años de prisión. Yunus es, además de periodista, activista pro derechos humanos y fue puesta en libertad condicional el pasado mes de diciembre. Se enfrenta a una pena de siete años de cárcel junto a su marido por “evasión de impuestos y fraude”. Su caso ha servido para que medios y organizaciones internacionales vean algo más de la realidad de Azerbaiyán y del régimen de Alíyev.

Pero opositores como Salavan y activistas como Leyla Yunus y como muchos otros no están solos. En 2012, con motivo de la celebración de Eurovisión en Bakú y aprovechando la afluencia de medios a la capital para denunciar su situación y el silencio en el que viven, se creó la plataforma Sing for Democracy (ahora Art for Democracy), a la que pertenecía Rasul Jafarov y que organizó varias manifestaciones en el centro de la capital para que los medios internacionales que acudían a cubrir el festival se hicieran eco. La mayoría de esas manifestaciones fueron brutalmente silenciadas y se llevó a cabo un buen número de detenciones.

La periodista Khadija Ismayilova sabe lo que es sufrir las consecuencias de hacer oposición al régimen de Alíyev. Colocaron cámaras en su vivienda y grabaron escenas de su vida íntima. Así lo afirmaba en un reportaje del diario británico The Independent: “Me avisaron de que si no paraba de investigar, harían público el vídeo”. La periodista ha sacado a la luz en el medio en el que trabaja, Radio Liberty, varios temas sobre corrupción relacionados con la familia Alíyev. Otro periodista que no se doblega, Zohrab Ismayil, escribió un reportaje sobre la construcción del Crystal Hall, que albergó la celebración de Eurovisión: 281 familias fueron expulsadas de sus viviendas, que fueron demolidas para construir el recinto. Y así ocurre con tantos otros rascacielos del centro de Bakú, construidos a partir de demoliciones forzosas de viviendas de los ciudadanos.

El medio para el que trabaja Ismayilova, Radio Free Europe/Radio Liberty, es uno de los pocos medios del país que no es propiedad del régimen. Alíyev controla todo, de los medios de comunicación a los juzgados. El periódico Azadlig (Libertad) es otro de los pocos medios independientes y críticos. Estos medios sufren por supuesto de precariedad económica, pues está prohibido incluir publicidad y no tienen modo de sustentarse; además sufren continuamente la persecución del régimen. Sus redactores ni siquiera cobran un sueldo.

Fuente: Facebook 'Art for Democracy'.

Fuente: Facebook ‘Art for Democracy’.

Los medios azeríes no son los únicos que practican el silencio mediático ante los abusos de los derechos humanos perpetrados por el régimen de Alíyev: es prácticamente imposible encontrar información sobre el tema. Sólo en medios británicos como el Independent y The Guardian, y en el New York Times, hay algún reportaje o artículo de opinión al respecto. De información en español ni hablemos; únicamente Ayuso y Arias han informado ampliamente sobre el tema. Un foco más de abuso, de silencio mediático, de población silenciada por el dinero del petróleo.

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