La nocturnidad de Cifuentes

Por Marina Corredor (@BeastInstincts)

Modurban2

Cristina Cifuentes, la actual presidenta del PP madrileño y Presidenta de la Comunidad de Madrid, realizó el pasado 12 de febrero un comunicado a horas intempestivas -4.30 de la madrugada- sobre el cierre casi total de la línea 1 de metro durante más de cuatro meses.

Sorprende la nocturnidad del aviso (no la de la visita, ya que a las 2.30 de la madrugada ya no hay trenes en servicio), sorprende el cierre simultáneo de tantas estaciones (25 de 32) y sorprende que esta obra se realice ahora, sabiendo las carencias que presenta esta línea de metro. Pongamos los antecedentes sobre la mesa: esta línea es la más antigua de Madrid, que abrió en 1919, y es la segunda en volumen de viajeros: en hora punta llega a transportar alrededor de 13.000 pasajeros, una cifra nada desdeñable. Aparte, es la arteria que conecta el norte con el sur de Madrid y es la única línea de metro que tiene el barrio de Vallecas.

La antigüedad de esta línea y el pobre y escaso mantenimiento que ha tenido a lo largo de los años evidencian ahora que se necesite una remodelación integral de la línea 1 del suburbano madrileño. Pero no es así. Esta mega-obra no terminará de arreglar las carencias y fallos, y en 2017 deberá repetirse el cierre del mismo número de estaciones y en el mismo tramo. ¿Qué da a entender Cristina Cifuentes con esto? Improvisación, mala planificación y un intento absurdo de remediar la dejadez a la que ha estado sometido este medio de transporte, y por ende, los viajeros durante muchos años por una muy mala gestión, y por preocuparse más de un patrocinio de una estación y una línea entera que de las miles de quejas diarias de los usuarios, que reclaman un servicio de calidad, acorde a unos precios que no han dejado de subir en los últimos años.

La presidenta ha declarado que:

Acabamos de comprobar que es imprescindible actuar sobre la línea 1 para reducir hasta en un 50% las incidencias de una línea que registra 85,4 millones de viajeros anuales.

“Acaban de comprobar” lo obvio: esta línea es larga, está muy trotada, y presenta muchas incidencias diarias y deficiencias, que los viajeros comunican por redes sociales y a través de una cuenta llamada Sufridores de Metro. Esta realidad, las incidencias, los retrasos, las frecuencias ridículas en hora punta, la viven constantemente los usuarios y turistas. Esa misma declaración dice que tendremos la mitad de incidencias en la línea.

Creo que esa no es la solución.

La solución pasa por establecer un plan integral, una remodelación que consiga paliar casi el 100% de las incidencias de la línea, estaciones adaptadas, más personal y más trenes, no por hacer este corte tan precipitado, ni por colocar únicamente 30 autobuses (otros medios afirman que son 50) para hacer que los afectados puedan desplazarse, ya que los buses de la EMT sólo pueden transportar 1.500 pasajeros a la hora, según ha declarado el gerente de la empresa de autobuses.

El Ayuntamiento de Madrid ha publicado varios escritos en los que pide a la Comunidad que rectifique y que haga la reforma por tramos y a lo largo de tres años, con el objetivo de minimizar el impacto en los ciudadanos y de no colapsar todavía más la ciudad. Además, el plan propuesto por el Ayuntamiento insiste en que las obras han de ser integrales, para no tener que volver a cerrar los tramos al año siguiente.

A cierre de esta edición, medios como El Economista han afirmado que la línea 8 de metro, que une Nuevos Ministerios con el barrio de Barajas y las cuatro terminales del aeropuerto, cerrará durante dos meses y medio en este 2016. Todavía se desconocen las estaciones afectadas, así como la fecha en la que se realizará, pero sorprenden las declaraciones del consejero delegado del Metro de Madrid, Juan Bravo: “La línea 8 no tiene especial disminución de tráfico en verano. Es muy constante y se puede cerrar en cualquier momento del año”. Precisamente por su constancia y por el servicio que hace (llega a todas las terminales, es una de las más usadas por los turistas para llegar al aeropuerto, y llega a IFEMA en unos quince minutos) no debería cortarse a la ligera. Se sigue insistiendo en que los servicios sustitutivos de autobuses no cubren las necesidades de los cortes del metro, y ese es un punto que debería revisarse cada vez que se corta una línea.

Eso no es más que otra vuelta a la guerra del transporte en Madrid, donde la Comunidad ahora intenta arreglar los rotos y descosidos de una gestión pésima, con soluciones que buscan perjudicar al Ayuntamiento y culparle (todavía más) de muchos aspectos en los que ellos no pueden hacer nada, y tener a los ciudadanos como daños colaterales. Una guerra política donde la Comunidad ha olvidado el diálogo y ha sacado el hacha (del transporte).

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