Las mujeres, la cara oculta de la ciencia

Mcclintock2

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

El 11 de febrero se conmemoró el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia, declarado oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas. A día de hoy, el papel de la mujer en las Ciencias sigue estando oculto en ese mundo dominado principalmente por hombres. Por todos es sabido el estereotipo de que las carreras de ciencias son de hombres y, las de letras, de mujeres. Un estereotipo que está dejando de lado la mitad del talento científico.

Justo ese mismo día 11, asistí a un evento de trabajo: la presentación de un nuevo producto de una conocida marca de artículos para cultivos, enmarcado en el entorno científico. De los casi 200 asistentes, apenas pude contar más de 15 mujeres, de las cuales 10 éramos prensa. Esto fue motivo de asombro entre mis compañeras de prensa, que durante la comida comentaban la falta de mujeres en el sector.

Cierto es que una de las claves del evento estaba en la reciente incorporación de la nueva directora general de la compañía -sí, directora-, pero entre ingenieros, técnicos y comerciales, las mujeres son una minoría apenas imperceptible. El resto de féminas que se encontraban en la sala ocupan puestos de comunicación y marketing, al margen de su formación como ingenieras.

Sin embargo, esta descompensación numérica no fue lo que más me llamó la atención de la jornada. Momentos antes de que la presentación comenzase, una de las presentes me comentaba que acababa de reincorporarse tras una baja de maternidad y que la vuelta se le estaba haciendo muy cuesta arriba, no sólo por la cantidad de trabajo que se le venía encima sino por la imposibilidad de compatibilizar el trabajo con ver a su hija. Después de tres días de enlazar vuelos y trenes, podía pasar la noche en casa, pero no para descansar, sino para cuidar de la niña. Y aún así, su pareja no estaba satisfecha por esas tres noches ausente de su deber maternal.

Aparte de lo alarmante del tema, nunca está de más recordar que esta situación no sucede con sus compañeros masculinos. Quizás sea mucho aventurar, pero me arriesgo a decir que para el resto de los casi 200 asistentes al evento el pasar tres días fuera de casa no es un impedimento y que no poder compaginar vida laboral y familiar no supone mayor problema que esas cuantas ausencias. Es su trabajo.

Sobra decir también que las azafatas eran todas mujeres con su correspondiente uniforme: falda de tubo, camisa ajustada y tacones, y que mientras las ponentes y organizadoras de la jornada debían ir impecables y andar de un lado a otro con sus zapatos de fiesta, ellos se paseaban en zapatillas y vaqueros.

Con hechos como estos que siguen viendo normal que una mujer tenga que dejar su trabajo para cuidar de su familia y que las tareas domésticas no se repartan equitativamente -los hijos, al fin y al cabo, son hijos de los dos-, queda patente el largo camino que nos queda por andar y todo el talento que se está quedando por el camino.

Y sí, we can do it. ¿Qué otra opción nos queda?

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