José Luis Sampedro, el economista humano

Madrid, 20,01,00. El escritor José Luis Sampedro. Foto de Marina del Mar.

José Luis Sampedro. Foto de Marina del Mar.

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

“En abril de 1939 comprendí que no habían ganado los míos. Ni los unos ni los otros eran los míos”. Son las palabras con las que José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de febrero de 1917-Madrid, 2 de abril de 2013) recordaba la Guerra Civil española, donde comenzó a combatir movilizado por el ejército republicano, aunque después fue reclutado por el franquista. “No cambié de bando, me cambiaron”, sostuvo años después.

De esta época, el economista, humanista y escritor José Luis Sampedro se lleva gran influencia. En este inicio de mes hubiese cumplido 99 años. Otra de sus grandes influencias en el desarrollo de su modo de concebir la vida le llegó desde Tánger, donde vivió hasta los 14 años, y cuya experiencia contaba en su discurso de toma de posesión de su sillón en la RAE en 1991, cuando Tánger, la guerra e incluso la dictadura ya quedaba muy atrás.

sampedro-discursoSe definía a sí mismo como “hombre fronterizo”, y en este discurso, titulado como no podía ser de otra forma ‘Desde la frontera‘, contaba así su infancia: “la primera frontera que recuerdo surgió allí donde no parecía tener razón de ser. Aquel Tánger de los años veinte, donde transcurrió mi infancia, era ciudad internacional, en la que convivían en igualdad todos los países. Los chicos llegábamos al colegio con diversas lenguas maternas, comprábamos golosinas con monedas diferentes, celebrábamos varias fiestas nacionales e incluso nuestro descanso semanal se repartía entre los días sagrados de tres religiones”.

Tras Tánger y la guerra inició una carrera enfocada a la economía: consiguió una plaza como funcionario de aduanas y estudió Ciencias Económicas en Madrid, trabajó en el Banco Exterior de España y, en 1955, se consolidó como Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense de Madrid. Por sus clases pasaron nombres como Boyer, Sochaga o Solbes, que después sonarían fuerte en el panorama político nacional.

Pese a todo, o precisamente por ello, Sampedro siempre defendió una economía más humana, más solidaria, que fuese capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos. En una entrevista recogida por El País en 1995 sostenía que “este sistema capitalista occidental está a extinguir”, y aunque reconoció los progresos que deja este sistema en la sociedad, también veía sus muchos defectos. “Ha creado problemas que no puede resolver, como la ecología o el medioambiente. Y, además, sigue agarrado a lo mismo: que el mercado es la libertad. Y yo lo que digo es que el mercado es la libertad si uno tiene dinero, porque si no no tiene libertad ninguna”.

De forma paralela a su actividad en la economía y la política (En 1977 fue nombrado senador por designación real en las primeras cortes democráticas), Sampedro comenzó su carrera literaria. Congreso de Estocolmo fue su debut, en 1952, aunque anteriormente ya había escrito otras dos novelas: La estatua de Adolfo Espejo y La sombra de los días, que no vieron la luz hasta 1994, 55 y 47 años después de su creación, respectivamente.

En El caballo desnudo (1970) se muestra su influencia de la generación del 98, al más puro estilo de Baroja, su afectación ante la situación por la que atraviesa España, y lo hace en forma de sátira contra la que desahoga su frustración. Su humanismo crítico queda aquí patente, haciéndose eco de la decadencia moral y social.

Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’.

Sin embargo, su obra más conocida llegaría 15 años después, en 1985 con la publicación de La sonrisa etrusca, una oda a la sencillez que juega a encontrar la ternura en la historia de un abuelo que vuelve a vivir a través de su nieto. Según el propio autor, fue su nieto quien le inspiró y en cuya voz escribió esta obra.

Al final de su vida, se volcó en la creación literaria, pero siempre sin abandonar las causas que le acompañaron en sus 91 años de vida. En 2011 se solidarizó con el movimiento 15-M e incluso participó en las Asambleas del barrio madrileño de Chamberí pese a su avanzada edad y su estado de salud.

sampedro

El académico llegó a involucrarse tanto en este movimiento ante la necesidad de un cambio que veía necesario en la sociedad que escribió el prólogo del libro de Stéphane Hessel, ¡Indignaos! donde insta a los jóvenes a cambiar las cosas y resistir a la apatía de lo establecido. “De la indignación nació la Resistencia contra el Nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados”, escribía.

Dicen que su muerte fue una de las pocas veces que un intelectual español ha sido llorado en tantos sitios tan distintos: desde las asambleas del 15M hasta el ministerio de Cultura, pasando por sus vecinos más próximos hasta sus compañeros de la Real Academia Española. José Luis Sampedro nos dejó literatura pero, sobre todo, un mensaje para las nuevas generaciones: no dejar de amar y de provocar.

 

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