Cómo una ciudad revoluciona la historia del rock: el origen del grunge en Seattle

Nirvana en 1990, por Charles Peterson.

Nirvana en 1990 en Seattle, por Charles Peterson, vía diffuser.fm.

Por Alaia Rotaeche (@aL_rc) y Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

Sitúense en una ciudad no muy grande al noroeste de EEUU, en el estado de Washington, sin nada especial. Entre finales de los 80 y principios de los 90, una serie de factores (culturales, demográficos… no está muy claro y esa es su magia) dieron a luz a un conjunto de jóvenes músicos que experimentaban con el punk, el noise rock y el rock clásico heredado de las grandes bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath y The Who. Tal vez sólo Manchester haya alumbrado un fenómeno de este tipo. No era una escena de competición y discográficas como las que se dieron en San Francisco o en Nueva York; era más simple que todo eso: amigos y música. Ya lo decía el propio Joe Ramone, sorprendido por el buen ambiente que reinaba en Seattle: “En Nueva York si pudiéramos las bandas nos liaríamos a palos”. Al ser una ciudad mediana, todos se conocían, eran amigos, se influían, e incluso algunos tocaban en varias bandas.

Chris Cornell y Andrew Wood, vía pinterest.

Chris Cornell (Soundgarden) y Andrew Wood (Mother Love Bone).

Todos ellos rechazaron formar parte de una cultura, de un movimiento o de una escena, y rechazaron incluso el mismo término, “grunge”. Podríamos considerar a Mother Love Bone como el germen primigenio. La formación, cuya alma la formaban el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament, liderada por el excéntrico y talentoso Andy Wood, comenzó a reinar en los círculos musicales de Seattle de una forma natural: el combo Gossard-Ament, que producía verdaderos temazos, y el animal escénico que era Wood fueron las razones.

Pero había muchas bandas: Melvins, Mad Season, Screaming Trees… Y muchos talentos, algunos realmente excepcionales. Un joven Chris Cornell, nacido en el mismo Seattle, lideraba entonces Soundgarden y compartía piso con Andy Wood; Layne Staley estaba al frente de Alice in Chains… y así un largo etcétera.

Aunque el centro de todo son los músicos, el papel de la discográfica Sub Pop no es menos importante. La funda un tipo llamado Bruce Pavitt en 1979 en Washington a partir de un fanzine, y cuando Seattle comienza a estar en boca de la escena musical estadounidense, pone sus miras en la ciudad. Pavitt se propone grabar un vinilo con algunas de las mejores bandas de la ciudad, y el momento decisivo lo protagoniza una canción de Soundgarden.

Soundgarden. Archivos de Sub Pop, vía subpop.com.

Soundgarden. Archivos de Sub Pop, vía subpop.com.

Algunos meses después, un chico de Aberdeen, que responde al nombre de Kurt Cobain, y que ya había formado su banda, Nirvana, junto a Krist Novoselic, llama a la discográfica, dice ser amigo de los Melvins y pide unas horas de grabación. Cuando escucha el sonido Nirvana, Pavitt sabe que tiene algo grande entre manos.

Los años 1990, 1991 y 1992 son claves en la evolución del grunge. En marzo de 1990 fallece Andy Wood a causa de una sobredosis; los miembros del grupo, pero también Chris Cornell y en parte el mismo Soundgarden, quedan destrozados y dejan de tocar por un tiempo. Es entonces cuando Jack Irons, el ex batería de los Red Hot Chili Peppers, entrega a un muchacho de San Diego una demo con tres temas grabados por Stone Gossard.

El chico, Eddie Vedder, pone la voz a los temas y Gossard y Ament, al escucharla, quedan impresionados. Así, junto con Soundgarden, graban un disco como Temple of the Dog, cuyas canciones son en su mayoría un homenaje a Wood, y así Vedder pasa a formar parte de los Mookie Blaylocks, después Pearl Jam.

Nirvana en el shooting para la portada de Nevermind, por Kirk Weddle, vía dailymail.co.uk.

Nirvana en el shooting para la portada de Nevermind, por Kirk Weddle, vía dailymail.co.uk.

En 1992 se desata la locura. Nevermind, el segundo álbum de Nirvana, y Ten, el debut de Pearl Jam, se convierten en éxitos de ventas, y Cobain y Vedder en poco menos que mesías, en salvadores del rock. Copan portadas de revistas y especiales de la MTV, el grunge se sube a las pasarelas y la fama comienza a agobiar a los grupos. En varias entrevistas y documentales, todos coinciden en decir que esos años fueron agridulces. Sentían que se habían vendido, pero realmente lo único que habían hecho era tener éxito. “Fue una locura”, confiesa Vedder en el documental Twenty.

Eddie Vedder, por Lance Mercer, vía blogs.nordstrom.com.

Eddie Vedder, por Lance Mercer, vía blogs.nordstrom.com.

Los medios fomentaron una rivalidad entre Vedder y Cobain que en la realidad tenía poco fundamento, como hicieron años atrás entre los Beatles y los Stones. Es más, se conocían poco. Ambos, como líderes de sus bandas, acordaron no salir en Time Magazine; acto seguido, la revista colocó a Vedder en la portada. Todo ese circo mediático les afectó más que a otros, en cuanto a que ambos eran especiales, reservados, muy artistas, algo existencialistas y solitarios. La timidez crónica de Vedder le hizo volverse temerario y algo violento para superar su bloqueo, le hizo subirse a las estructuras más altas de los escenarios (literalmente); el espíritu atormentado de Cobain le sumió en una espiral de autodestrucción que culminaría con su supuesto suicidio en 1994. Otro punto de inflexión en esta historia.

Devorado por su propia leyenda, el suicidio de Cobain agrandó el mito y significó también la muerte irremediable de Nirvana. Sin duda, Kurt ya era mito e icono de la escena underground del momento. Pero no significó el final de un estilo que todavía tenía mucho talento que ofrecer. Ese mismo año, 1994, fue casi tan grande como los que le precedieron. El año abrió y cerró con dos discos que ya forman parte de la biblioteca musical de los melómanos del género. Alice in Chains representa probablemente uno de los estilos más oscuros de la escena del grunge. Influenciados por grupos como Led Zeppelin o Black Sabbath, nos trajeron a finales de enero una maravilla en forma de EP acústico. Escrito y grabado en sólo una semana, seguramente sea uno de los discos más accesibles y melódicos de la banda y también fue el primer disco que contó con la incorporación del nuevo bajista, Mike Inez, después de que Mike Starr hubiera sido despedido un año antes debido a su abuso con las drogas. Jar of Flies, como decíamos, posiblemente no llegue al nivel de Dirt, su obra magna, pero sí estamos ante una obra que cuenta con la suficiente calidad musical como para cerrar una trilogía de ensueño que se inicio con Facelift, su álbum debut.

Alice in Chains_opt

Alice in Chains en un directo en la MTV, vía diariodenavarra.es

Si Alice in Chains empezó el año fuerte, Soundgarden no quiso ser menos y poco más de mes y medio después salió a la luz la que se ha convertido en su obra cumbre y es que Superunknown fue el disco que los elevó a la categoría de dioses del Olimpo. En este trabajo los de Chris Cornell abandonaron el estilo más clásico caracterizado por Badmotorfinger y se aproximaron a un sonido más cercano a la psicodelia. My wave es un ejemplo claro en este sentido. El listón estaba muy alto, así que Vedder y los suyos debieron pensar que tenían que estar a la altura de las circunstancias y lo volvieron a hacer. De acuerdo, tal vez Vitalogy no sea tan bueno como Ten, pero Nothingman, Corduroy, Better Man o Immortality son argumentos suficientes como para colocarlo a la altura de Vs. 1994. Es cierto lo que decíamos anteriormente: ese año fue un punto de inflexión y las cosas no volvieron a ser las mismas.

El 25 de junio de 1996 salió a la palestra el séptimo y último disco de los eternos perdedores del grunge. Sí, hablamos de Dust y de los Screaming Trees. Junto a Sweet Oblivion representa el disco que más éxito ha tenido tanto para el público como para la crítica y a aunque también se le etiquetó como “grunge” (una especie de cajón de sastre que servía para todo), este trabajo incorpora elementos de la psicodelia y del folk y en este sentido se nota mucho que la producción corrió a cargo de George Drakoulias, quién también había trabajado con Tom Petty and the Heartbreakers, The Black Crowes y The Jayhawks, entre otros. No tuvieron la repercusión mediática de las bandas citadas anteriormente, pero su aportación fue innegable.

Lo hemos dicho, a partir de aquí la historia empezó a decaer y se hizo patente aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. El 9 de abril de 1997 los Soundgarden anunciaron su separación, y aunque ese no fuera el caso de los Alice in Chains hasta el año 2002, durante este periodo de tiempo sólo produjeron el disco con nombre idéntico al de la banda. La originalidad estaba de capa caída.

Pearl Jam

Pearl Jam en uno de sus enérgicos conciertos de los 90′

No obstante, tanto ellos como Pearl Jam siguen en activo a día de hoy y en consecuencia cabe hacer mención especial a éstos últimos. No sólo han mantenido el tipo durante estas dos décadas y media, sino que nos han regalado dos discos brillantes. Ya les gustaría a muchos firmar un álbum como Backspacer después de dos décadas de no parar. No tienen nada que demostrar y es cierto, pero una vez más nos volvieron a sorprender aportando una variedad musical y de estilos que no está al alcance de cualquiera. Lightning Bolt, su último trabajo, también es un disco 100% Pearl Jam: agresivo, enérgico, intensivo… qué les vamos a contar. Baste con decir que estamos ante uno de los mejores y más influyentes grupos de los últimos 25 años y el grupo superlativo en referencia a todo ese movimiento que naciera en Seattle, hace ya casi tres décadas.

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