Cada uno a lo suyo

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El pasado martes 24 personas fueron imputadas en la operación anticorrupción Taula. El expresidente de la diputación valenciana, Alfonso Rus, su exjefe de gabinete, Emilio Llopis, o la que fue asesora de Rita Barberá, María José Alcón, se encuentran entre los imputados. Todos los implicados habrían participado, supuestamente, en una red que cobraba comisiones a cambio de adjudicaciones públicas, así como una posible financiación ilegal del Partido Popular valenciano.

Mientras tanto, la actitud generalizada a nivel nacional sigue siendo el “cada uno con lo suyo”. Intentando salvar la poca dignidad que le queda al PP -si es que le queda alguna-, el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, mantiene que estos casos que inundan constantemente el panorama político nacional son casos de corrupción aislados y que “el PP ha sido y seguirá siendo implacable contra la corrupción”.

No podía faltar tampoco la defensa arraigada del “y tú más”, “y tú menos”. El lunes al mediodía comparecía Rafael Hernando, el portavoz popular en el Congreso, para dar declaraciones sobre lo sucedido. El ataque a la competencia es prácticamente lo único que les queda. “Si fuera así, el señor Iglesias no se sentaría aquí”, proclamó, haciendo alusión a la acusación de que Podemos habría recibido financiación de Irán, Venezuela y otros países.

Y como no podía ser de otra manera, viva quien viva, muera quien muera, el show debe continuar. Los populares niegan de todo punto que la macrorredada pueda afectar a las conversaciones para intentar formar gobierno con Ciudadanos. El partido liderado por Albert Rivera ha criticado el escándalo en Valencia, pero sigue manteniendo conversaciones. Además, ofrecen la vicepresidencia a Pedro Sánchez en un afán por evitar la coalición de izquierdas en un acto que recuerda un tanto a la desesperación de Esperanza Aguirre por mantenerse firme en la alcaldía de Madrid tras las elecciones municipales del 24 de marzo.

A estas alturas de la jugada, ni la corrupción ni la testarudez de la política española nos sorprende. A base de escándalos continuos, la sociedad se ha hecho inmune. Quizás así se expliquen los más de siete millones de votos a uno de los partidos más corruptos del país.

Es esa marca tan de aquí, tan de tirar la piedra y esconder luego la mano sacando la mayor tajada posible. Tan de conveniencias. De “debemos permanecer unidos”, pero (no deja de ser irónico) “esa gente no me representa”, aunque sea del propio partido y compartan mesa y mantel. Ese patriotismo rancio de no enmendar los errores, de negarlos a toda costa y, de paso, intentar hundir al de al lado. Aquí, cada uno a lo suyo.

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