Turquía y la mala gestión europea de la crisis de los refugiados

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

La crisis de Libia, el recrudecimiento de la Guerra Civil Siria y el avance del autodenominado Estado Islámico por Oriente Medio está teniendo consecuencias políticas y sociales muy graves. Durante el presente año se ha incrementado el flujo descontrolado de refugiados, solicitantes de asilo y emigrantes económicos desde el mundo árabe, principalmente desde Libia, Siria, Irak y Afganistán, situación que ha derivado en una grave crisis humanitaria.

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 40.000 migrantes y refugiados realizaron la travesía de Turquía a Grecia desde principios de diciembre y unos 735.000 migrantes llegaron al país heleno durante los primeros 11 meses del año. De esos más de 40.000 migrantes, casi el 80% ha cruzado la frontera hacia Macedonia durante las últimas semanas.

Es debido a estos hechos que la UE ha situado la problemática en el centro de su agenda política. Además, dicha situación de crisis ha supuesto la reactivación de las negociaciones entre Turquía y la UE para la adhesión del país otomano a la misma. A pesar de que la política turca en cuanto a refugiados y solicitantes de asilo no había sido cuestionada hasta el momento, existe documentación e información que demostraría justamente lo contrario. Un reciente informe publicado por Amnistía Internacional acusa a las autoridades turcas de devolver a refugiados sirios e iraquíes a “zonas de guerra”, señalando que la UE está en riesgo de ser cómplice de serias violaciones de los derechos humanos. Y todo ello está sucediendo en el marco de las negociaciones entre Turquía y la UE para la implementación del Plan de Acción Conjunta, que tiene por objetivo atajar la llegada masiva de personas a Grecia de manera regular.

Según la documentación que publica Amnistía Internacional, Turquía estaría usando dinero de la UE para financiar un programa de detenciones y devoluciones ilegítimas, lo que además infringe directamente el derecho internacional. Recordemos que la UE prometió aportar 3.000 millones de euros para mejorar la situación humanitaria de las personas refugiadas y solicitantes de asilo en el país, mientras Turquía se comprometía a reforzar las medidas para restringir la afluencia de migrantes y refugiados hacia la UE como parte del acuerdo sobre migración, también conocido como Plan de Acción Conjunta. Los refugiados recluidos en uno de los centros de detención (Erzurum) mostraron a Amnistía Internacional etiquetas en camas y armarios que anunciaban que el centro se financiaba con un programa de la UE previo a la adhesión y, por si fuera poco, funcionarios europeos en Ankara también confirmaron a Amnistía Internacional que los seis centros de recepción abiertos (y financiados por la UE) son en realidad centros de detención.

Refugiados

Un policía turco conduce a un grupo de refugiados en una playa al oeste de la ciudad costera de Cesme. Foto: Reuters

Dado que la UE está financiando este programa y negociando con Turquía las medidas a llevar a cabo en cuanto a política migratoria y actuación respecto a refugiados y solicitantes de asilo, está fomentando indirectamente violaciones graves de los derechos humanos. Es por ello que Europa debe detener inmediatamente la cooperación en materia de migración con las autoridades turcas, hasta que se investiguen estas violaciones y se ponga fin a ellas.

Pero ésta no es la única polémica en la cual se ha visto envuelta Turquía en relación con el conflicto en Oriente Medio. Un alto diplomático de la UE afirmó recientemente que “nadie se fía de Turquía”, en el marco de las reuniones en Bruselas sobre la crisis de los refugiados y la coordinación de las políticas antiterroristas, y cada vez son más quiénes en el seno de la UE dan credibilidad a las palabras de Vladímir Putin. El presidente ruso acusó recientemente al país turco de estar comprando el petróleo que producen los terroristas del Daesh (Estado Islámico) en zonas de Siria e Irak, aunque también se maneja la hipótesis de que estén facilitando su exportación en lugar de comprarlo.

A pesar de ello, no parece que estos acontecimientos vayan a frenar las negociaciones entre Ankara y la UE para reabrir el proceso de adhesión, ni tampoco que se vea truncada la política de cooperación y seguridad en la lucha contra el Daesh. Turquía y la UE se necesitan mutuamente para hacer frente a la problemática migratoria y de seguridad, y deberán llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Sin embargo, Europa debe vigilar con mayor eficacia y seriedad la actuación de las autoridades turcas respecto a los refugiados y solicitantes de asilo y corregir aquellas intervenciones que vayan en contra del derecho internacional. También deberían trazar líneas de investigación para comprobar si verdaderamente Turquía está comprando petróleo al Daesh o facilitando su exportación, ya que si las acusaciones fueran ciertas la organización terrorista podría salir reforzada en un conflicto que amenaza con desestabilizar la paz y la seguridad internacional.

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Un comentario en “Turquía y la mala gestión europea de la crisis de los refugiados

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