El olor del cambio

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Foto: Periodismohumano.com

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

A estas horas, millones de españoles estarán ejerciendo su derecho al voto, ese que llega en forma de bendición cada cuatro años. Mientras, otros miles no han podido ejercerlo por las trabas administrativas.

Aunque es un proceso a repetir, los comicios de este año vienen cargados de algo que no se ha visto desde hace tiempo: ilusión y, sobre todo, olor a cambio. A estas alturas de la jugada -que, aunque parezca a punto de cerrarse, tan sólo acaba de empezar- nos encontramos ante un panorama político que se aleja de lo que estábamos acostumbrados. Lejos quedan aquellas elecciones en que todo se jugaba a dos bandas y donde el único ganador era el bipartidismo.

La incursión de los nuevos partidos es, valga la redundancia de lo dicho en estos últimos meses, una realidad totalmente patente. Lo hemos visto en las campañas electorales, en los debates en televisión a cuatro, a nueve, dejando el consabido cara a cara entre presidente y oposición caer en la ranciedad. Es un nicho que todavía tiene que seguir progresando, sí, pero es un hecho que en la anterior legislatura era impensable.

Como contrapeso, las redes sociales, la apertura hacia una tecnologización de la política difundida a través de otros canales, han jugado un papel puede que decisivo para candidatos como Izquierda Unida. El partido de Alberto Garzón se ha visto relegado a un segundo plano en debates y apariciones públicas pero ha sabido jugar muy bien sus cartas en pos de la búsqueda de un electorado joven que accede a la información de otra manera.

A este carro no han podido subirse los partidos tradicionales, pese a sus intentos de reavivación y rascar votos de quienes se mueven en estas plataformas. Y para muestra, un botón: la cuenta en Twitter de Mariano Rajoy intentando hacer la gracia con el incidente del pasado miércoles del presidente.

Pero ya no cuela. Cuando algo queda viejo, obsoleto, no funciona, hay que desecharlo. Poner al mismo perro, con el mismo collar, pero mínimamente perfumado es, más allá de un atrevimiento, un insulto. Podemos conseguir algo nuevo, aunque no sepamos si mejor. Pero eso sólo se consigue arriesgando.

Llegados a este punto, nos queda continuar con la esperanza de no equivocarnos. Seguir con la esperanza de que el cambio es posible, de que la conciencia ya la tenemos, sólo hace falta explotarla, estar dispuestos a pensar y no dejar que piensen por nosotros. El cambio está en marcha. No dejemos que se quede ahí.

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