Un escaño, ¿cuántos votos?

congreso

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

En tiempos de campaña, a menos de una semana de las que ya están calificando como las elecciones más decisivas de la democracia española, todos los partidos intentan arañar los votos de donde pueden y los indecisos se debaten por el candidato a elegir para la Presidencia del Gobierno. Sin embargo, poca gente sabe cómo esos votos realmente se convierten en representación parlamentaria.

El actual sistema electoral se sustenta en la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral, modificada por la Ley Orgánica 2/2011, de 28 de enero. Según dicta el artículo 68 de la Constitución de 1978,  el Congreso se compone de un mínimo de 300 diputados y un máximo de 400, elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto.

Hasta ah, todo claro. El segundo punto de este artículo establece como circunscripción electoral la provincia, que se reparte los escaños en juego en relación a la densidad de población de la misma, a excepción de Ceuta y Melilla, que estarán representadas cada una de ellas por un diputado.

Asimismo, el artículo 163 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral, establece que no se computarán los votos de las candidaturas con menos del 3% de votos en la circunscripción, así como que los representantes se asignarán a las listas restantes en función del sistema D’Hondt. ¿Qué significa esto?

Este procedimiento, creado por el matemático belga Victor D’Hondt en el siglo XIX, de reconversión de votos por escaños, se encarga de repartir los 350 escaños en juego. El método es el siguiente: se ordenan las candidaturas de mayor a menor según el número de votos recibidos. Como hemos apuntado antes, quedan fuera del reparto aquellas candidaturas situadas por debajo del 3% de los sufragios. A partir de ahí, se divide el número de votos de cada lista por el número de escaños a repartir, asignándose los sitios por orden de menor a mayor de estos cocientes.

Por ejemplo, en una circunscripción con 480.000 votos válidos emitidos, donde se eligen 8 diputados y hay 6 candidaturas, el reparto sería el siguiente:

tabla1

Para obtener estos resultados, se busca una cifra C de votos (cociente) tal que al dividir los votos de cada partido por ella, el número de escaños resultantes totales asignados coinciden con en número de escaños total a repartir. De esta manera, y fijando la tabla como ejemplo, el partido A, con 168.000 votos conseguiría cuatro, la mitad de los escaños a repartir en la circunscripción, el partido B obtendría dos escaños y los partidos C y D se quedarían con uno cada uno, mientras que los partidos E y F no conseguirían llegar al mínimo de votos establecidos por la ley y se quedarían se representación parlamentaria.

Críticas al sistema electoral

Este método presenta ciertas características, como el mínimo del 3% de los votos en la circunscripción para que un partido obtenga representación parlamentaria, que favorece a los partidos mayoritarios y, por tanto, al actual sistema de bipatidismo. Junto a esta, sin embargo, existe otra circunstancia que favorece más a estos grandes partidos amparadas por la Ley Electoral: las circunscripciones pequeñas. Éstas reducen la representación de las minorías cuyos votantes no se encuentran concentrados geográficamente, como es el caso de Izquierda Unida.

De esta manera, teóricos políticos han establecido que las provincias son circunscripciones quizás demasiado pequeñas para garantizar una adecuada proporcionalidad entre los votos recibidos y los representantes. Así, cuantos menos representantes corresponda elegir en una circunscripción, menor será la proporcionalidad del reparto de votos y de escaños. El caso más extremo de esta dificultad es el de Ceuta y Melilla, donde la lista más votada adquiere inmediatamente el 100% de los representantes, dado que sólo hay un escaño en juego.

En relación a la densidad de población en determinadas provincias, el 50% de los representantes son elegidos en circunscripciones donde los escaños a repartir son 7 o menos. Con estas dimensiones, lo normal es que sean dos o tres fuerzas políticas las que obtengan representación parlamentaria en cada circunscripción. En un reparto proporcional, conseguir un escaño implicaría obtener el 0,29% de los votos, mientras que el mínimo establecido del 3% implicaría 10,5 escaños.

Para salvaguardar esta “tara” del sistema electoral, hay quien propone que lo mejor para una representación más amplia sería tomar todo el país como una circunscripción única, con lo cual bastarían 70.000 votos (78% de participación) para conseguir un representante en el Congreso.

Las ventajas de la revisión de la Ley Electoral que incluyese una circunscripción única serían, ante todo, un aumento de la representatividad sumado a un debate político más actual, que abarcase más opiniones y más maneras de hacer política dentro del hemiciclo, dejando a un lado el bipartidismo y otorgando voz, además de voto, a las minorías.

Para más información:

 

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