Wes Anderson en el Cine Doré de Madrid

Por Leslia A. Lane (@cardiodrama)

Conocí el cine de Wes Anderson hace unos dos años y medio aproximadamente, de la mano de Moonrise Kingdom. Empecé por su última película hasta aquel momento (aún no habían estrenado El gran hotel Budapest), y ayer mismo terminé de ver su filmografía con su primer largometraje, Bottle Rocket. Me parecía lo más sensato, terminar con el ciclo de una manera más o menos simétrica, por razones obvias.

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Anthony (Luke Wilson), Inez (Lumi Cavazos) y Dignan (Owen Wilson) en Bottle Rocket (1996)

Esta misma noche estarán proyectando en el Cine Doré de Madrid Bottle Rocket, a las 21:15, que es una de las motivaciones que me impulsaron a escribir esto. A lo largo de este mes de diciembre van a estar proyectando todas sus películas allí (para más información:  http://madridfree.org/ciclo-wes-anderson-en-el-cine-dore/ ), y me ha parecido una buena ocasión para hablar de este director tan peculiar.

Como quería escribir sobre él, pero no había visto su obra completa, he dedicado las últimas veinticuatro horas a ver las cuatro películas y los dos cortometrajes que me faltaban. Después de este pequeño atracón de colores pastel, simetrías y paneos, sólo me queda reconfirmar lo enamorada que estoy del cine y de su cine. Wes Anderson ha logrado desde el primer momento crear un universo propio donde viven personajes que sólo él podría haber inventado, pero con los que todos podemos sentirnos identificados.

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Fotogramas de Academia Rushmore (1998), Vida acuática (2004), Viaje a Darjeeling (2007) Fántastico Mr. Fox (2009)

Hay varios elementos comunes que podemos observar en prácticamente todos sus films, en este mundo propio que nos deja ver, y creo que podemos destacar sobre todo tres de ellos: la muerte, el amor y las personas.

La muerte siempre está presente en sus películas, ya sea por alguna circunstancia cercana a ella, o por parte de algún personaje. Con frecuencia, además, tiene un papel importante para el desarrollo de la trama. Algo que me gusta mucho de la muerte en las películas de Wes Anderson es que es tratada de una manera natural y ligeramente dramática. Con esto no me refiero que sea breve o leve el drama, sino que lo lleva con total soltura y resolución, haciendo de ello algo muy diferente a lo que podemos estar acostumbrados a ver en el cine, algo que nos puede enternecer y conmover, pero también nos puede resultar divertido o hilarante.

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Madame D. (Tilda Swinton) en El gran Hotel Budapest (2014)

Las historias de amor en las películas de Wes Anderson tampoco dejan indiferente. Son historias inusuales, de relaciones fraternales complicadas, problemáticas; historias de amor pasional, a veces irracional y algo loco, inocente, instantáneo, dominado por el enamoramiento. Relaciones difíciles que, una vez más, Wes lleva a la pantalla con una agilidad y una sensibilidad admirables.

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Jason Schwartzman como Jack, y Natalie Portman como su ex-amante, en Hotel Chevalier (2007), cortometraje, prólogo de Viaje a Darjeeling

Todo esto, sin duda, no podría ser de otra manera sin sus característicos personajes. Desde su mero aspecto físico, que es de todo menos banal y sin importancia, a su personalidad, o pequeños rasgos, cada uno de los personajes de Wes Anderson es diferente y tremendamente especial. Se trata de personajes muy, muy potentes, bien construidos y desarrollados. Personajes cuyas rarezas y peculiaridades les hacen absurdamente humanos. ¿Quién no se ha enamorado de Margot? ¿O acaso alguien no se ha sentido como Steve Zissou, o Max Fischer? ¿No habríamos querido un romance como el de Suzy y Sam?

He intentado reflexionar a fondo sobre las películas de Wes Anderson. Yo no soy una experta en cine, y casi con total seguridad no puedo contaros nada que no haya sido escrito ya sobre Wes ni sus films. Pero puedo decir algo: le guardo especial cariño a este director porque, obviando el hecho indiscutible de que es uno de los mejores actualmente, fue uno de los primeros que me llevó a adentrarme de lleno en el mundo cinematográfico, porque sus películas pueden ser mi Rushmore, mi Gran Budapest, mi Belafonte. Me hace sentir el cine como un hogar, o una tarde terriblemente acogedora de las que recuerdo de mi infancia, o como un amor algo loco, irracional, que me remueve dulcemente como si un rayo me atravesara.

"Lightning Field" Scene in Moonrise Kingdom

Fotograma de la escena del rayo en Moonrise Kingdom (2012)

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