Voten (si pueden)

Domingo 5 (Editorial)

Con las próximas elecciones generales al acecho, muchos han sido los que han querido ejercer su derecho a voto aún estando lejos de sus respectivas circunscripciones electorales. Sin embargo, no todos ellos han podido hacerlo, alejando la realidad de esas elecciones con sufragio universal real que defiende nuestra recientemente rememorada Constitución.

Desde el año 2011, los ciudadanos españoles que residen en el extranjero están obligados a rogar su voto, lo que en muchos casos supone la negativa a dar voz a quien ha tenido que irse al extranjero, ya no sólo por ese deseo de búsqueda de aventura al que aludía el Partido Popular ante la marcha de jóvenes a otros países, sino por la necesidad acuciante de ver la luz al final de un túnel que han convertido en pozo. Con esta negativa se niega también la posibilidad de elegir un cambio. La posibilidad de volver.

Sin embargo, esta dificultad para ejercer el derecho al voto no se queda sólo en los que residen fuera de las fronteras españolas, sino que se extiende -aunque sea en menor medida- a quienes viven fuera de su provincia electoral. Quienes salieron de su tierra buscando trabajo o estudios -otras posibilidades de vida, aunque sea la aventurera- han tenido que recurrir al voto por correo.

Con todo, esta modalidad de voto resulta a quien se ve obligado a ejercerla tediosa en sus formalidades, no sólo por la necesidad de ajustarse a unas fechas preestablecidas a una normativa cuanto menos lenta sino por una burocracia desfasada. Las esperas interminables en las oficinas de Correos se han repetido a lo largo de toda España. A ello se le ha sumado esa burocracia caduca, adscrita al sistema postal que requiere rellenar formularios para el remite de las papeletas y, una vez recibidas, vuelta a empezar. Papeles, sobres y sellos, como si de una financiación B de un partido se tratara. Nada de urnas, poco de sensación de estar participando en un sistema democrático que elige a su representante.

Toda esta pesadez hace cuestionar si este sistema electoral necesita, al igual que la ley que lo regula, una modernización acorde a la evolución de la sociedad. Con las nuevas tecnologías se abre una nueva gama de posibilidades en el ámbito plebiscitario que ya han experimentado, por ejemplo, formaciones como Ahora en Común, quienes llevaron a cabo las primarias a través de un formulario online que, aportando soluciones novedosas a esta problemática, se ajustaba a los requisitos legislativos.

Sin duda, la ley electoral debe reformarse para adaptarse a las circunstancias y poder conseguir un verdadero voto útil y democrático. De momento voten, si pueden.

 

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