El oro negro que impulsa la maquinaria de guerra

Miners work in the Kalimbi tin mine near the small town of Nyabibwe

Mineros en el Congo. REUTERS/Jonny Hogg

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

La descolonización fue un proceso político que tuvo lugar a mediados del siglo XX, en el contexto de la posguerra y con Naciones Unidas como principal impulsor del proyecto. Es la mayor organización internacional del mundo y se define como «una asociación de gobierno global que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos».

Este proceso de descolonización conllevaba el desmantelamiento de los imperios coloniales mayoritariamente europeos para dar lugar a la independencia nacional de varios países, principalmente africanos y asiáticos. 70 años después de la creación de las Naciones Unidas, hemos pasado a un contexto de neocolonialismo y continentes como el africano, ricos en recursos naturales, son saqueados y expoliados por gigantescas empresas transnacionales para mantener en movimiento la rueda de la economía de libre mercado y el capitalismo mundial.

El coltán es un mineral muy escaso que se encuentra fundamentalmente en la República Democrática del Congo, país que posee aproximadamente el 80% de las reservas mundiales de tan cotizado material. Este mineral es uno de los principales componentes utilizados para el desarrollo de la tecnología móvil, así como otra gran cantidad de aparatos e instrumentos tales como los GPS, pantallas de plasma, cámaras fotográficas y otro tipo de aparatos electrónicos, además de satélites artificiales, armas teledirigidas o cohetes espaciales.

Ésta es la razón principal de uno de los conflictos más sangrientos y despreciables del siglo XXI que se desarrolla en pleno corazón de África. Aunque formalmente terminó en 2003 bajo la firma del Acuerdo de Pretoria, el conflicto lleva más de 50 años vigente. Desde el inicio de la Segunda Guerra del Congo en 1998, también conocida como “Guerra del coltán”, que enfrentó a nueve naciones africanas y cerca de una veintena de facciones del Congo, se han documentado más de cinco millones de muertes y dos millones y medio de desplazados. Además de la abundancia del mencionado mineral, el Congo también es conocido por tener la mitad de la reserva de diamantes del mundo y ser rico en muchos otros minerales, como el cobre o el oro.

Un trabajador medio congoleño cobra 10 dólares mensuales en otros trabajos, mientras que en las minas, obteniendo un kilo de coltán al día, puede llegar a cobrar 50 dólares semanales. Eso supone ganar 20 veces más dinero trabajando para la extracción del coltán que en otro tipo de trabajos. El coltán se cotiza aproximadamente a 500 dólares el kilo. Las consecuencias para la agricultura y la ganadería son nefastas. Los campesinos congoleños abandonaron las tierras de cultivo, así como el cuidado de los animales, lo cual provocó severas hambrunas y enfermedades, que desencadenaron millones de muertes.

Las mujeres son utilizadas como arma de guerra

Según datos e informes publicados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la República Democrática del Congo es uno de los peores lugares del mundo para ser niña o mujer. Existe una relación directa entre la discriminación en general contra las mujeres y la violencia infligida en tiempos de guerra, ya que las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda clase y se utiliza la violencia sexual contra ellas como arma de guerra, incluso en etapas post­bélicas. La raíz del problema radica en una sociedad, una educación y una cultura sexista, en la que el 76% de las mujeres de 15 a 49 años considera que está justificado que un marido golpee a su mujer por al menos una de las siguientes razones: si la mujer quema la comida, discute con él, sale a la calle sin decírselo o se niega a tener relaciones sexuales.

Las mafias internacionales en el contrabando de minerales

Mientras que se utiliza la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra, los mineros congoleños sobreviven en condiciones verdaderamente inhumanas. Bajo la estricta vigilancia de las fuerzas paramilitares, son obligados a trabajar en una situación de esclavitud total, gracias a las mafias y los contrabandistas que se enriquecen a costa de ellos. Este hecho ha afectado del mismo modo a miles de niños que han tenido que abandonar la escuela y los estudios para ser explotados en las minas. Según un informe realizado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en enero de 2015, el ejército nacional también estaría implicado en el negocio del coltán dentro del contexto de la economía de guerra.

Obsolescencia programada y despilfarro

TVE emitió hace casi cinco años un documental dirigido por Cosima Dannoritzer titulado “Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada” en el cual se criticaba la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo. Este documental planteaba la siguiente reflexión: ¿es compatible un sistema de producción infinito en un planeta con recursos limitados?

¿Qué responsabilidad tenemos los ciudadanos que formamos parte de esta sociedad del consumo? ¿Hasta dónde llega la cultura del despilfarro? No cabe ninguna duda de que aquellos que reciclan sus teléfonos móviles, ordenadores, televisores o electrodomésticos en general, son ciudadanos especialmente concienciados. No obstante, lo que que ahora entendemos como un acto ecologista y solidario, pronto será una necesidad inexcusable.

Es por ello que ahora más que nunca se hace necesario recordar “la regla de las tres erres de la ecología”: reducir, recuperar, reciclar. Concienciación y acción son herramientas de las que disponemos los ciudadanos para cambiar y mejorar la vida de todas las personas que habitan este pequeño punto azul.

 

Para ampliar información:

• Documental: “Blood in the mobile”

• Documental: “Comprar, tirar, comprar”

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