The show must go on

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El pasado viernes, 129 personas fueron asesinadas y otras 415 resultaron heridas en el que han clasificado como el mayor ataque terrorista acaecido en Francia. Nueve días después la bomba informativa sobre este suceso continúa. A estas alturas de la jugada, ya sabemos el nombre de las víctimas y de los asesinos, de dónde venían, dónde han nacido y casi hasta el número que calzan. Sin embargo, quizás algo falla en la cobertura mediática que se está llevando a cabo, al menos en España.

La misma noche de los atentados, ningún canal de televisión -recordemos que es el segundo medio de comunicación más usado actualmente, por detrás de Internet- consideró que su programación debía ser cancelada o aplazada en detrimento de estos sucesos. The show must go on. Quien quiso informarse tuvo que acudir, como siempre, al transistor o a las consabidas redes sociales, donde el flujo de información es tal que es demasiado fácil perderse y caer en falsas informaciones sin contrastar.

Como dijo Ramón Lobo, “compramos lo primero que nos dicen”, caemos en el gran teatro, en la política del espectáculo. Siguiendo con Lobo, ahí es donde entra el papel del periodista. “Los medios tenemos que tratar de aportar sensatez y no gasolina a este debate”. Y eso es precisamente lo que hemos hecho, prender la llama y estirarla hasta el punto de no dejarla arder. La llama ha viciado el aire y nos ha hecho inmune a sus consecuencias. El humo que deja no nos permite ver con claridad el nacimiento de las cosas, mucho menos las consecuencias. Parafraseando al periodista, necesitamos diálogo, sí, pero sobre todo inteligencia, una inteligencia que nos falta para discernir la información veraz y válida de simples bulos o rumores.

Sin embargo, no es un problema de la sociedad, o no sólo de ella. A los medios nos puede la inmediatez, la falta de información y documentación. Las mismas redes sociales que lanzan mensajes indefinidamente se jactaban del error de ‘La mañana de la 1’ de identificar el logo de Al Qaeda con uno de Star Wars, confundiéndolo por el de un sello discográfico llamado Alqaedas Inc., por no hablar de la fotografía de uno de los terroristas que Antena 3 y La Razón dieron por buena y resultó ser un montaje que nadaba a la deriva en Internet. En la carrera de la inmediatez muchas veces gana el desconocimiento.

García Márquez, uno de esos grandes que nos hicieron tener fe y motivos en esta profesión, escribió que primicia es el primero que da la noticia bien. En vez de optar por este tipo de periodismo, aquel al que apelaba Woodward, un periodismo sensato, calmado, que aporte información de verdad, optamos por un amasijo de opiniones e informaciones vacías que a menudo redundan en el morbo y el amarillismo en favor de las visitas en la página web o el visionado del programa televisivo en cuestión.

Y volvemos a machacar el tema de nuevo, una y otra vez, hasta la saciedad, hasta provocar que las mentes adormecidas se adormezcan todavía más y dejen de lado el trasfondo de lo que ocurre a su alrededor. Y así seguimos. The show must go on.

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