Contaminar al volante sale caro para el planeta y para el bolsillo

2015-11-14 (12)

Por Miguel del Rosal (@cuentahistorias)

Moverse por Tokio, Berlín o Londres en coches que emiten gases perjudiciales para el medio ambiente es una osadía. Éstas y otras grandes ciudades del mundo han respondido con éxito a los alarmantes niveles de contaminación, como los que estos días sufre Madrid. La receta consiste principalmente en tasar a los vehículos dependiendo de lo nocivos que resulten sus motores para la calidad del aire. A este grupo se unirá pronto París, que en unas semanas acogerá la Cumbre del Clima. A partir de 2020 no circulará por la capital francesa ni un solo motor diesel, cuya reputación de coches menos contaminantes se ha esfumado desde el escándalo Volkswagen.

LA PIONERA: TOKIO

2015-11-14 (13)A principios de los 90, expertos japoneses demuestran que los motores diesel emiten partículas y gases responsables de enfermedades y cánceres pulmonares. Como medida de choque, en 1992 el gobierno nipón incrementa los impuestos a este carburante. Pero el aire siguió contaminándose.

Siete años después un recién nombrado alcalde de Tokio, Shintaro Ishihara, recogería las protestas de los habitantes de su ciudad ante los elevados niveles de contaminación mediante una campaña cuyo eslogan será Diga no al diesel. Como parte de esta iniciativa, Ishihara solía ir acompañado de una impactante botella llena de partículas contaminantes emitidas por los automóviles contaminantes.

En 2003 la campaña está extendida por todo el territorio japonés y fundaciones como Japón por la sostenibilidad contribuyen a la concienciación mediante una incansable labor informativa. Ese año el gobierno pone en marcha una serie de medidas más drásticas contra quienes más contaminen. Las multas a sus vehículos ascienden a los 500.000 yenes (casi 4 mil euros), a la par que se ofrecen subvenciones a todo aquel que carezca de recursos y necesite un vehículo particular.

Hoy en día, los motores diesel representan menos del 1% del parque automovilístico japonés y las compañías petroleras cumplen la normativa que limita las cantidades de azufre en los carburantes. Como resultado de estas medidas, la cantidad de las nocivas partículas PM2,5 es en Tokio menos de la mitad que hace diez años. Los tokiotas respiran mejor y por fin pueden volver a vislumbrar en el horizonte de los días claros el Monte Fuji.

LA ÚLTIMA: PARÍS

Un 84% de la población francesa afirma en las encuestas más recientes que la contaminación es uno de los desafíos más acuciantes de la sociedad contemporánea. El 54% está a favor de la promesa de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. A principios de este año Hidalgo se comprometió a que para 2020 no circule ni un solo vehículo diesel por las calles de la Ciudad de las Luces.

La medida cuenta con el apoyo del Gobierno francés. Su primer ministro, el también socialista Manuel Valls, admitió que el desarrollo de motores diesel en marcas como Peugeot o Citroën ha sido un error. Valls apuesta por clasificar los vehículos según lo perjudiciales que sea la combustión de sus carburantes para la atmósfera. La ministra gala de Ecología, Ségolène Royal, anunció para el próximo 2016 una ayuda de 10.000€ para la compra de vehículos eléctricos a quienes conduzcan actualmente un coche diesel de 13 años o más.

Por su parte, la asociación automovilística francesa de mayor importancia –que representa a 40 millones de conductores- estima que el plan de la alcaldesa Hidalgo es irracional e ideológico. Su presidente, Daniel Quéro, denuncia una estigmatización a los automovilistas y en especial a los más humildes. Voces como la de Quéro o la de Simon Vidal, el presidente del Club de Automovilistas de la Île-de-France, abogan por el desarrollo de motores diesel menos contaminantes. Lo que nadie duda es que los actuales son altamente perniciosos para la salud.

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Cabe recordar asimismo que el diesel supone una parte muy destacada del total de los vehículos en los países que más han sufrido la crisis económica en Europa. Según datos de 2013, en Irlanda los diesel representan el 72,4%; en Portugal, el 72, 3% y en España, el 66,3%. En países como Reino Unido o Alemania, en cambio, el diesel no llega ni a la mitad del parque automovilístico. La tendencia de los países más avanzados va en la línea de respetar el medio ambiente a través del cambio en hábitos cotidianos como el transporte diario al lugar de trabajo.

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